domingo, 19 de enero de 2020




A mi tumba llevaré

no tu sonrisa dulce y luchadora,
las venas en tus manos y la curva de tu espalda,
que de nuevo siento como aquella vez primera.

Ni cuando, tu mano en la mía,
señalamos los mismos pinos y caminos,
que de nuevo recorro como aquella vez primera.

Ni aún cuando esas manos tuyas
dibujaban los planos de nuestra biblioteca
en la que de nuevo sueño, como aquella vez primera.

Ni siquiera cuando unimos nuestras almas
para denunciar y romper el poder y la injusticia,
lucha en que aún seguimos, como aquella vez primera.

No será eso, no. Será
el brillo de tus ojos cada noche
cuando les bajas a los gatos su comida.